No hay sueños imposibles (No hi ha somnis impossibles)

Entrevista a Raquel Kacman

92 años, Doctora en Odontología, Licenciada en Psicología.
Estudiante del curso UPAMI Extensión Universitaria

Integrarse es ponerse en el lugar del otro y eso también es conocimiento

Pertenece a una generación analógica, aunque después nos demos cuenta de que se ha adaptado maravillosamente a este mundo de combinaciones de ceros y unos. Pero la contactamos por mail, nos da su teléfono “de línea”, nos cita en un bar cerca del Congreso, y lo primero que hace es regalarnos un jazmín de su propio balcón. Tiene un hablar pausado, como si cada una de las palabras fuera elegida con el mismo cuidado con el que nos mira. Y sin embargo, sus palabras reflejan una fortaleza y una seguridad envidiables. Su historia también lo es, y no tiene desperdicio alguno. Hilvana los recuerdos en un collar de anécdotas y testimonios que van dejando entrever fragmentos de otra historia, la general, de su vida, del país, del mundo.

Raquel nos conoció a partir de los cursos UPAMI, y accedió a contarnos su largo camino por el conocimiento que comenzó mucho antes de recibirse de odontóloga, continuó con su búsqueda de respuestas y formas para cambiar la realidad, y sigue manteniéndose tan firme como el primer día. A pesar de las dificultades.

Le preguntamos, entonces y, para empezar, por el conocimiento.

El  conocimiento tiene que ver con el origen de la palabra conocer ¿qué es lo que conocemos? Conocemos muchas cosas, toda la vida es un conocimiento. En la vida, vamos adquiriendo conocimientos, empezamos por balbucear palabras, por aprender a caminar, todo eso es conocimiento. Después, tenemos que aprender a convivir, que es lo más difícil, ese es el conocimiento que mucha gente desconoce y las consecuencias de ese desconocimiento es la violencia. Somos incapaces de conocer al otro, mucha gente sólo se conoce a sí misma y muchas veces ni siquiera eso, menos, conocer al otro. Si no somos capaces de conocer al otro y ponernos en el lugar del otro, estamos fracasados, no podemos integrarnos. Integrarse es, justamente, poder ponerse en el lugar de otro y eso es conocimiento, conocer las cosas buenas del otro, apreciarlo, valorarlo. Conocimiento…conocemos muchas teorías, muchas cosas que a veces son inútiles, muchas veces nos quieren imponer un conocimiento, pero para eso también tenemos la capacidad de no aceptarlo, tenemos que saber discriminar cuando el conocimiento útil y cuando es inútil, con el conocimiento útil se puede hacer muchas cosas, con el conocimiento inútil solo cosas malas.

El conocimiento siempre es importante, toda la vida es un conocimiento. Siempre hay que aprender. Yo me desespero, por ejemplo, porque digo que soy una analfabeta con todo lo que hay ahora de moderno de teléfonos, de internet, quisiera aprenderlo, absorber todo, pero me doy cuenta de que cuando absorbo una cosa me olvido la otra y me desespero, pero, estoy siempre en la búsqueda de un conocimiento. Si no tenés una búsqueda de conocimiento estás haciendo una vida poco productiva, yo digo una vida más bien animal, aunque tampoco es así, porque el animal también experimenta, si le enseñamos, hasta los perros y los gatos aprenden, también ellos buscan conocimiento.

Un recorrido por el camino de los conocimientos

En ese camino también halló prejuicios propios de la época, sin embargo, no se detuvo ante nada. Si no podía ser una cosa sería la otra, porque como ella misma dice “no sabe hacer las cosas a medias”, cuando se mete en algo, se mete en cuerpo y alma. Igual que en esta entrevista.

Primero que todo era hacer el secundario, cuando terminé el secundario quería ser médica, pero la influencia de mi madre me cambió el camino porque me decía en esa época, hace más de sesenta años atrás: “ningún hombre se va a dejar revisar por una médica, vas a tener que ser ginecóloga o médica de niños, pero medicina general olvídate, Y te llaman a medianoche si te dedicas a los niños, a cualquier hora tenés que estar disponible, no podés ocuparte de tu familia y de tu casa. En ese sentido, la odontología es más liberal, tenés un horario de consultorio, y si te llaman a medianoche si querés le das una respuesta y sino están las guardias odontológicas, y es otra cosa entonces, si después que termines odontología querés seguir medicina, ya es problema tuyo.” Yo necesitaba forzosamente la ayuda de mi mamá para poder estudiar, porque yo no me podía mantener sola, porque lo que yo podía ganar no me alcanzaba para nada, entonces decidí empezar odontología. 

Lo que pasa es que yo soy medio apasionada, cuando me meto en algo me meto con alma y vida. Me metí en odontología con todo, no deje nada. Mis compañeros a veces me decían “dame alguno de tus pacientes”, y yo no aceptaba. Cuando en una oportunidad me preguntaron por qué era así les dije: “muy sencillo, cuando yo termine la carrera tengo que empezar a trabajar, tengo que tener práctica, y si yo en vez de hacer cinco coronas hago una, mi práctica es muy pobre, y voy a fracasar, y yo tengo que vivir de mi profesión”. Tenía muy claro eso. La relación entre lo que aprendía y la práctica que adquiría. De los cinco años que cursé la carrera, cuatro de ellos me los pasé en el Hospital Ramos Mejía, porque una compañera conocía al jefe del servicio y éste nos permitió que fuéramos a mirar y a practicar.

 

Apúrese, que la cola es muy larga (o la cultura de escuchar)

Entonces, casi con inocencia y como pidiendo disculpas nos pregunta: ¿te puedo contar cómo entré a la facultad? Y por supuesto que sí, que claro, que queremos escucharlo. Porque de eso se trata, justamente, su segunda elección en el camino. De la capacidad de escuchar, de la cultura de la escucha, de la empatía con el otro, de implicarse con los demás de la misma forma en la que se implicaba y se relacionaba con el conocimiento.

Su hablar, entonces, se energiza, y nos cuenta la historia con un entusiasmo sin igual. El encuentro ha comenzado hace ya bastante más de una hora, pero de alguna manera Raquel logra que el tiempo se detenga en sus palabras.

Y entonces, nos cuenta con una mezcla de humor, de nostalgia y de compromiso, cómo llega a recibirse de psicóloga.

Me fui a la Facultad de Psicología, hice la cola, y cuando llego a la ventanilla le digo: “soy doctora en odontología, quiero hacer alguna materia”.

Me dicen: “tiene que hacer las básicas”. “¿Por qué?”, pregunto, “a mí no me interesa si hay matemática, química, estadística; yo solamente quiero estudiar psicología”. Me respondieron que tenía que hacer las materias básicas, por lo menos son dos materias por cuatrimestre. “Y apúrese, que la cola está muy larga”.

Bueno, me anoté en Introducción a la Psicología, e Introducción a la Filosofía, y me reconocieron Anatomía. ¡Menos mal! Aunque igual tuve que hacer matemática y estadística, hasta me tomé un profesor particular para hacer esas dos materias. Y yo quería hacer Psicología Evolutiva, yo no quería el título, a mí no me interesaba el título, lo que me interesaba era hacer materias que tuvieran que ver con la problemática que yo veía.

Y como te dije que soy una apasionada, que cuando me meto con algo me meto con todo… seis años me llevó, pero me recibí de Licenciada en Psicología, pero tratando de encontrar solución para los problemas de los chicos. 

Busqué el conocimiento por ellos. Porque yo trabajaba en el Centro Odontológico Infantil, de Mataderos, y estaba a cinco cuadras de Ciudad Oculta, entonces venían los chicos de allí, algunos con problemáticas muy, muy complejas. Y me los mandaban todos a mí.  Había, por ejemplo, chicos que se sentaban, que abrían la boca, pero le caían las lágrimas.  Sí, podes trabajar porque te abren la boca, pero qué les pasa en esa cabeza.

Y entonces uno no puede hacer como si nada pasara, claro… Mi jefe me decía, “No te podés meter, vos acá estás como odontóloga, no te metas en la parte psicológica”; pero si yo veo que este chico está mal, y esta es mi forma de pensar, de tal modo que cualquiera que se da cuenta que hay un problema, entonces tenés que intervenir, tenés que orientar a las personas para que lo resuelvan.

Muchas veces cuando pasan cosas los vecinos dicen “nosotros escuchábamos, sabíamos que había un problema”, como el caso de esa madre que mató al chico de cinco años, los vecinos declarando que sabían que las dos mujeres castigaban al chico. Entonces, ¿por qué no lo denunciaron, por qué no escucharon a la criatura?, hubieran salvado una vida.

Es importante eso, saber escuchar. Escuchar y quedarse, implicarse….

El otro es el espejo

La forma de llegar hasta nosotras fue azarosa, ese azar siempre tan caprichoso y hasta embustero que conecta las líneas menos pensadas. Aunque en este momento nos gusta pensar que nada es tan fortuito, que el encuentro con Raquel viene a confirmarnos que como decía el escritor portugués José Saramago, “Siempre acabamos llegando a donde nos esperan”.

Por medio de una compañera de un curso en el Rojas, me entero de que UPAMI está haciendo cursos entonces me dije qué lindo. 
Entonces me dijo “Yo estoy yendo a escritura”. Le dije: “Ay yo quiero escribir” Yo escribo, pero…
Bueno, me anoté. Primero fue Escritura, después fue Memoria, después…¿que más hice? computación un año. Parece que soy una alumna muy jorobona, pero muy participativa. En UPE me aceptaron fácil: me presenté, me había llegado creo que una comunicación y yo dije: “Bueno, si es virtual no tengo que ir a Ezeiza, porque a Ezeiza no voy a poder ir”. Pero,  como es virtual, hice dos cursos con Ana Izquierdo.  Yo considero que es importante, es muy importante, la transmisión intergeneracional del conocimiento. Yo peleo con lo que no entiendo para entender y vuelvo a insistir, no me quedo en eso que no sé no puedo aprender. Tengo una amiga que me dice que no puede aprender y yo le digo “sí que podes, ¿por qué no vas a poder?”

A mí muchas veces me pasa que estoy leyendo un libro y tengo que volver atrás, porque no me acuerdo de que trataba la última hoja. Pero, eso no significa que igual trate de sacarle provecho. Lo mismo hago con lo que aprendo. Yo quiero aprender. Siempre quiero seguir aprendiendo…
Y esa transmisión es importante en los dos sentidos, de los más grandes a los más jóvenes, y a la inversa.
Los jóvenes están avanzando, aunque hay algunos que avanzan mejor y hay otros que no. Porque tampoco está la capacitación igualitaria. Yo me doy cuenta de que, con esta pandemia, muchos jóvenes han perdido muchísimo en el aprendizaje. O sea, yo creo que la presencia en la escuela, aunque eso es muy inconsciente, existe una especie de no quedarse atrás, o sea, de no ser el “burrito” de la clase, entonces me esmero.

Facebook
Twitter
LinkedIn

Te doy mi palabra

(En 280 caracteres)
Twitter Oficial

Recibí novedades y eventos en tu mail.

en-otras

Seguí todas las noticias