Por Magalí Catino
Directora de Evaluación y Seguimiento Académico, UNLP
Profesora Titular – Investigadora
Asesora en distintas Universidades del país y el CIN
En el año 2019 la UPE asumió desde la gestión el desafío de reformular los planes de estudio de sus carreras y la necesidad de ampliar su capacidad de cobertura, sobre todo por la pertinencia, calidad, inclusión y movilidad social, desde los trayectos de formación y títulos.
Asentados en esos principios se organizaron instancias diagnósticas participativas y colegiadas, además del diálogo con la comunidad y, entendiendo como un imperativo la articulación de sus funciones sustantivas. Esto significaba asumir que los planes de estudio no podían pensarse por fuera de la investigación, la extensión, la vinculación y transferencia y la gestión, pero sobre todo no podían pensarse y reformularse sin cambiar el eje rector a sus protagonistas: los sujetos de la formación.
Estos principios ordenaron los ejes centrales que sostuvieron el proceso de transformación curricular comenzado en 2019 y finalizado en 2020. Las definiciones que debieron elaborarse y consensuar institucionalmente fueron casi un adelanto al campo de desafíos en que la pandemia situó al conjunto de las universidades, y sobre todo en la continuidad de los procesos de formación en el marco del aislamiento social preventivo y obligatorio (ASPO).
Los desafíos abordados exigieron definir lineamientos troncales para estructurar las políticas académicas, sin saber que, al momento de finalizar el proceso de transformación curricular, la misma se iba a transformar en una fortaleza que permitieron a la UPE situarse desde otras potencialidades frente al impacto de la pandemia para garantizar la continuidad de los estudios para los y las estudiantes.
• Desafío 1: definición curricular con eje en el sujeto de la formación
Se definió una estructura general de las carreras de grado y pregrado, esto significa haber delineado un modelo curricular compuesto por ciclos. Estos ciclos permiten generar una mejor secuencia que atiende un proceso gradiente de formación profesional, con un pasaje en forma paulatina y con etapas de complejidad creciente, que articulan teoría, objetos, problemas y prácticas dentro de cada ciclo y entre ellos. Al generar esta estructura para todas las carreras se fomentó también la articulación entre carreras y trayectos de formación de los sujetos. Esto significa que los mismos funcionan como andariveles de recorridos, que posibilitan por ejemplo las titulaciones intermedias y el reconocimiento de trayectos con certificación.
De esta manera con la aprobación de los dos primeros ciclos, de las carreras de grado y pregrado, se brinda una certificación de Diplomaturas/Ciclos de Conocimientos/Licencias (ANAC)/Capacitaciones Profesionales. Finalmente se incorporaron también el reconocimiento de trayectos formativos diversos, sean estos a través de prácticas de extensión o investigación, así como capacidades profesionales desarrolladas en otros ámbitos.
• Desafío 2: mecanismos de movilidad estudiantil
Atentos a la necesidad de contar con procedimientos más ágiles que permitan y favorezcan la movilidad estudiantil se incorporó la definición de un Sistema de Crédito Académico, pautando un crédito académico como equivalente a 30 horas de trabajo del estudiante, correspondiendo 15 horas a las actividades de cursada en el ámbito de la Universidad en sus diversas modalidades y 15 horas a las actividades de trabajo académico/estudio del estudiante. Esta estrategia favorece las posibilidades de movilidad estudiantil entre carreras de la misma universidad, así como con otras universidades con las que se convenien sistemas de intercambio y reconocimiento.
• Desafío 3: definiciones pedagógicas variadas de abordaje del conocimiento
La producción de saberes y la formación profesional requieren no solo de un claro, y al mismo tiempo abierto, campo de conocimientos, sino además darles especificidad a partir de definiciones pedagógicas de estructuración de los espacios curriculares para favorecer diversas formas de organización de los procesos de enseñanza y de aprendizaje, atendiendo al tipo de conocimiento abordado por cada curso o asignatura. De esta manera se incluyeron seminarios, talleres, cursos teóricos / prácticos, prácticas profesionalizantes y trabajos finales, como formatos pedagógicos que favorecen procesos diferenciales.
• Desafío 4: ampliación de las tecnologías de mediación de los procesos
La incorporación del uso de tecnologías a través de plataformas o materiales digitales se reconoce como parte del porcentaje de los procesos de cada asignatura y plan de estudios. La Universidad para cumplir con este objetivo presentó al proceso de acreditación para su reconocimiento en el Ministerio de Educación el Sistema Institucional de Educación a Distancia, entendiendo que parte de los desafíos asumidos y por venir daban cuenta de la necesidad de contar con diversas estrategias de mediación tecnológica. El año 2020 encontró a la UPE, si bien en el proceso de tramitar la validez de títulos de la totalidad de las carreras con sus respectivos nuevos planes de estudio, centralmente la encontró fortalecida dado que había asumido una política académica integral que aprobara el Consejo Superior para el funcionamiento institucional.
Estos cuatro desafíos asumidos: modelo curricular con eje en el sujeto de la formación, mecanismos de movilidad estudiantil, definiciones pedagógicas variadas de abordaje del conocimiento y ampliación de las tecnologías de mediación de los procesos; marcaron una agenda de fortalezas haciendo posible dar respuesta a la continuidad de los estudios y dictado de las carreras en el período generado por la pandemia lo cual permite visibilizar cómo la gestión académica pudo trabajar en coordenadas inestables de cambio desde la potencialidad de lo posible, para poder materializar el derecho a la educación como un bien público y social.
Hoy estas agendas no se han transformado sino enriquecido desde la experiencia, abriendo con nuevas dimensiones y generando la necesidad de seguir profundizando esos desafíos planteados en 2019 y que de cara a un 2022 son parte del territorio de las transformaciones que la UPE asume como institución pública de educación superior.



