Por Paulo Falcón
Miembro del Consejo de Gobierno IESALC UNESCO
Profesor Universitario
Introducción
Internacionalizar la educación superior es uno de los temas recurrentes en la agenda universitaria en las últimas décadas. No obstante, lo cual resulta conveniente decir que este proceso no debería ser para las instituciones universitarias, por lo menos desde lo conceptual, algo novedoso.
Esto es así, porque las universidades en sus inicios otorgaban un título de doctor a quienes cumplían con sus planes de estudio de las carreras o programas de formación, sea en derecho o en medicina, por ser estas carreras que se impartían en aquellas primeras casas de altos estudios. Ese título de doctor, cuya base latina corresponde a la palabra docere, la misma raíz etimológica que la de la palabra “docente”, implicaba un concepto claro, ya que significa “enseñar”. Por eso, esa titulación otorgaba a su titular un derecho particular: un “ius ubique docendi”, vale decir, un derecho o una licencia para enseñar en el lugar donde el profesional se encuentre (Haskins, 2012).
Vale decir, la universidad y el colectivo universitario no tenía limitaciones territoriales, nacionales o limitaciones como las que con posterioridad fueron surgiendo, con la consolidación de los estados nacionales y particularmente con el modo de configuración de los sistemas educativos nacionales, a los que se integraron las universidades previamente constituidas, como por ejemplo el caso de la Universidad de Córdoba del Tucumán, hoy Universidad Nacional de Córdoba.
De modo que el proceso de internacionalización, lo que pretende en realidad, es volver a las fuentes, a la perspectiva originaria de la idea de universidad, más cercana al concepto de universalidad o globalidad.
La construcción de la nueva universidad surgida de los aprendizajes promovidos en pandemia, nos ofrece pensar a esta crisis como una oportunidad para la Internacionalización.
• Algunas ideas básicas a tener en cuenta:
Como decíamos antes, la universidad fue desde un inicio una entidad internacional, recuperar identidad, implica deshacernos de miradas cerradas y en algunos casos chauvinistas de la educación, las profesiones, pero en especial del conocimiento y del acceso a él.
La educación, extensión universitaria y la investigación son procesos. Es decir, implican tiempos, pasos, etapas y tiempos, la internacionalización también.
Esto se contrapone a la idea de suceso, de manera que estos procesos no se agotan en un solo acto.
Esto es relevante para evitar caer en la tentación del “show” de la internacionalización, que implica creer que internacionalizamos cuando realizamos eventos aislados y carentes de relación y profundidad con las funciones sustantivas de las universidades.
En la sociedad actual, autodenominada como la sociedad del conocimiento, sin dudas las universidades están llamadas a cumplir un rol destacado.
La pandemia nos da varios ejemplos de universidades generando vacunas, test, etc. Que impactaron en el desarrollo sanitario de la humanidad.
La sociedad actual, también tomó nota de sus desequilibrios y contrastes, tanto hacia la humanidad, como con el planeta. El cambio climático, la pobreza y otros males sociales, integran la agenda mundial, a partir de 2015, con la aprobación de la Agenda 2030, por eso hay que decir que la internacionalización debe ser un medio para “garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover las oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos”, tal cual expresa el ODS 4.
Ahora bien, para que los sistemas universitarios en un mundo incierto como el actual, en el que lo real se conjuga con lo virtual y las redes sociales, son nuevos espacios de encuentro y comunicación, las universidades deben generar confianza, para ello, el aseguramiento de la calidad, no puede ser puesto en duda. La calidad en el plano internacional, no puede ser visto como una moneda de cambio, sino como el patrón oro, del sistema universitario mundial.
• Quienes participan del proceso de internacionalización:
Hecha la introducción y aclaraciones previas, tal como lo expusimos en el libro “La Universidad, sus carreras y sus titulaciones…”, resulta imprescindible para tener cabal comprensión del esquema de sectores/actores y relaciones que dan cuenta de este proceso de internacionalización es conveniente reconocer los aportes elaborados desde Latinoamérica por autores que entregaron definiciones centrales en materia de política académica y científica. En ese plan, Sábato y Botana en su señero trabajo “La Ciencia y la Tecnología en el Desarrollo Futuro de América Latina” (1968) postulan: “La existencia histórica de este triángulo de relaciones científico–tecnológicas ha sido suficientemente explicitada por economistas, sociólogos e historiadores…”.
El modelo de explicación de política científica, conocido comúnmente como el “triángulo de Sábato”, explica las relaciones en el orden nacional entre un vértice donde la universidad encuentra un rol destacado como uno de los ejes de la estructura de producción científico-tecnológica; otro vértice representado por el Estado y los diferentes poderes y niveles de estatidad de las políticas de articulación y promoción científicas y educativas; y por último un vértice correspondiente al sector productivo. Este triángulo no solo representa actores o sectores que deben participar del proceso científico y tecnológico, sino que representa un modelo de asignación roles y relaciones tanto hacia adentro de cada uno, como en función del resto y del todo del sistema propuesto.
Este esquema de base ha sido complementado, en las últimas décadas, con lo que se suele denominar el “Cuadrado de Dagnino” [1].
Este otro modelo explicativo pretende incorporar al consabido “triángulo de la política de ciencia y técnica”, un vértice más, referido a “los movimientos sociales”. Este autor sostiene la necesidad de actualización del modelo para América Latina. Entiende que en parte por el paso de cuarenta años desde la propuesta de Sábato hoy resulta incompleta para explicar los resultantes del proceso económico, social y político sufrido por la región.
[1] Profesor Titular. Grupo de Análisis de Políticas de Innovación del Departamento de Política Científica y Tecnológica (UNICAMP).
Por lo que ha tenido propuestas de transformaciones como sistema de relaciones y en los vértices, como el que se refleja en la siguiente figura:
Estos aportes iniciales, y las miradas que dan cuenta de los cambios regionales, exigen nuevas miradas que expliquen los procesos de relacionamiento actual de los actores que participan de la producción de conocimiento y formación a nivel superior.
En función de ello, y atento al proceso de internacionalización, es dable observar a la universidad como eje del sistema académico y científico en nuestra región. Situación a la que accede por concentrar el grueso de la producción científica, pero también por la escasa participación de otros actores en la generación de conocimiento.
La referencia es para otras regiones como por ejemplo el propio sector público o el privado, de modo que indefectiblemente la universidad, como actor relevante del entramado académico, científico y tecnológico, será uno de los vértices el esquema de relaciones en momentos de globalización desde Latinoamérica.
El Estado, como articulador social preponderante e impulsor de las políticas de estado y políticas públicas de educación superior, ciencia y tecnología, debe ser sin dudas -por las afirmaciones vertidas por Sábato y Botana en la bibliografía de referencia- otro de los vértices del entramado.
El sector productivo como vértice de esta figura, en tanto que capital y trabajo puestos en torno de la generación de riqueza en la región, requiere hacia adentro del mismo las consideraciones necesarias para comprender una realidad que resulta evidente: La gran concentración de capital y riqueza y la enorme distancia de este sector con el resto de la sociedad, hacen de nuestra región la más desigual del planeta en términos relativos -conforme a los datos suministrados por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), que en el documento titulado “La ineficiencia de la desigualdad” (2017) [2] subrayó que América Latina y el Caribe continúa siendo la región más desigual del mundo, seguida por el África Subsahariana y Asia Oriental-.
[2] Presentado en la apertura del periodo 37 de sesiones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) que se realizó en La Habana, Cuba. El estudio determinó que, en 2017, cerca de 187 millones de personas vivieron en la pobreza en Latinoamérica y 62 millones en situación de pobreza extrema.
Si bien podría comprenderse la referencia en su cuadrado al Doctor Dagnino, los movimientos sociales integran un vasto sector que es la sociedad civil, que guarda en general más relación que los movimientos sociales en términos conceptuales con los demás actores/vértices mencionados. Además, hacia dentro prolifera en relaciones en cuanto a la apropiación social del conocimiento. Esta situación hace preciso entender el concepto de sociedad civil, ya que no todos los movimientos sociales tienen relación con la generación de conocimiento o demandan de él, pero en cambio, hay movimientos sociales que participan con otros actores de la sociedad civil en la producción de conocimiento. Sin dudas, las transformaciones socio-económicas de las últimas décadas y los cambios culturales y políticos modificaron profundamente el panorama de los actores sociales.
Sin embargo, luego se marca la diferencia con un nuevo paradigma surgido desde comienzos de los ochenta. El rasgo principal de esta respuesta parece estar en el abandono de la visión monolítica y determinista de la sociedad, lo que necesariamente lleva a la ausencia de un paradigma único y a la postulación de diversas hipótesis interpretativas y de diversas vertientes teóricas que se combinan frente a cada objeto de estudio. Más que la postulación de nuevas teorías o enfoques globalizantes del desarrollo y el cambio social, la sociedad estaría frente al desarrollo de concepciones o teorías tentativas de “alcance medio”, destinadas a la descripción, análisis e interpretación de procesos relativamente precisos y acotados, no para renunciar a la “totalidad”, sino precisamente para acercarse a ella (Garretón, 2001).
De acuerdo con este autor, una sociedad determinada se define a partir de la particular configuración de las relaciones entre a) Estado, b) Régimen y partidos políticos, y c) Sociedad civil o base social.
Esta relación históricamente acotada es lo que permite hablar de una matriz socio-política. Garretón en función a estos conceptos denomina a la sociedad actual como la “sociedad post-industrial globalizada”, la que pareciera organizarse no en torno a la producción y al trabajo y la política, sino en torno a la comunicación y al consumo. En base a estos conceptos, se entiende que es más apropiado utilizar la definición de “sociedad civil” en lugar del empleo de la referencia a los movimientos sociales, lo que podría ser representado con la siguiente figura:
Al profundizar en el análisis de los sectores y relaciones que se dan en el marco de la sociedad del conocimiento actual, se pone de manifiesto que la figura del cuadrado impide pensar relaciones directas en los vértices diagonales. Por lo tanto, para completar el plexo de relaciones posibles entre todos los sectores/vértices, cada uno de los vértices extremos debe poder contar con una relación con los vértices diagonales, ya que de este modo se expresan las relaciones que se dan entre estos sectores, sin necesidad de que las mismas sean mediadas por los sectores/vértices.
De esta manera se expone de un modo más claro el total de relaciones posibles dentro del todo social en materia de conocimiento, porque en la actualidad ningún actor precisa de manera indispensable de otro para entablar relaciones con terceros actores. Aunque sí es lógico, y hasta deseable, que actores que integran algunos sectores se articulen con los de otros sectores/vértices para entablar relaciones. Ejemplo: Es común observar que las universidades y miembros de la sociedad civil tengan relación para generar acciones conjuntas que impliquen cambios en prácticas que importen la adopción de conocimiento aplicado a determinadas conductas sociales. A su vez, estas pueden redundar en nuevas demandas al Estado que se traduzcan en políticas públicas por parte de éste. O bien puede suceder que el sector productivo genere innovaciones que provoquen impacto en el sector científico y que esto demande respuestas del sector público para contener los nuevos escenarios generados por estas innovaciones.
De modo que el sector/vértice, que importa al espacio público, que tanto en la referencia del “triángulo de Sábato”, como el “cuadrado de Dagnino” se hace referencia al gobierno del Estado, resulta importante hacer referencia a gobierno(s) ya que de esa forma se representa por los diferentes niveles del Estado que hacen a la conformación e integración de los sistemas universitarios, científicos y tecnológicos [3] y del desarrollo de políticas públicas hacia estos sistemas.
En el plano internacional pasa a ser un entramado en subregional, en el que figura el MERCOSUR [4], ya que concretamente para reflejar la incidencia en lo universitario podemos citar al mecanismo de Acreditación Regional de Carreras Universitarias para el Mercosur por dar un ejemplo; en el plano regional a la OEA y dentro de lo educativo es posible mencionar a la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura.
[3] Muchos sistemas universitarios, científicos y tecnológicos cuentan con instituciones universitarias de carácter nacional o federal, junto a instituciones generadas por instancias como estados o provincias e incluso instituciones de nivel municipal o local.
[4] Bloque subregional constituido en 1991.
Mientras tanto, en el plano mundial la ONU por medio de la UNESCO, mediante entidades como el IESALC (Instituto Internacional de la Unesco para la Educación Superior en América Latina y el Caribe) tiene presencia y relación directa con los sistemas universitarios, científicos y tecnológicos de Argentina.
Lo que podríamos expresar con la siguiente figura:
Luego está el entramado que hace al sector/vértice de educación superior, ciencia y tecnología. Allí se observa que el espacio universitario nacional, en el orden internacional, se funde en redes y asociaciones, sean institucionales o disciplinares. En el sector/vértice referido al sector productivo se verifica de qué manera lo nacional -hoy entrelazado con el plano internacional por la globalización, las TIC’s y la expansión del capitalismo en sus diferentes versiones- ha permitido conocer con cercanía el proceso de internacionalización de la economía y por ende de flujos de capital que evidencian empresas globales y redes empresariales. Ante este escenario, sostener posiciones ingenuas no favorece a lo equitativo en términos de relaciones de estos actores para con los otros.
Particularmente en una región como Latinoamérica y el Caribe, donde el peso de algunas de estas empresas es mayor en cuanto a recursos económicos o financieros que varios de nuestros países.
La sociedad civil, en tanto que sector/vértice, hoy vista también desde la perspectiva internacional -en particular en materia de derechos humanos, cuestiones ambientales, y otras temáticas- ha tenido un impulso en los últimos años y se vio potenciada por el uso de las redes sociales. Esto ha permitido dar a conocer realidades y generar nuevas solidaridades, construir agendas de debate mediante la instalación de temáticas globales en las realidades de las comunidades de la región, y cuestionar en muchas ocasiones las actuaciones de los sectores públicos y productivos -cuando no científicos- en sus desarrollos por atentar contra los derechos civiles, políticos, sociales, culturales y económicos de las poblaciones. Este plano de relaciones puede ser representado así:
La figura generada expresa en sus sectores/vértices al todo social, y pretende ser, en definitiva, una síntesis desde una perspectiva sistémica de la base de la sociedad en relación al conocimiento, su generación y transferencia.
Por lo que cada uno de los sectores/vértices es capaz de producir conocimiento y reproducirlo mediante sus prácticas y relaciones, influyendo en los demás actores. Pero esas figuras -sea triángulo o cuadrado- no alcanzan para explicar plenamente el juego de actores y las relaciones dadas por similares sectores/vértices en el plano internacional. Porque el entramado de relaciones cambia sustantivamente, tanto en amplitud y dimensiones de las relaciones de los múltiples y variados actores, como en profundidad y potencia de esas relaciones en la construcción del conocimiento.
Es por ello que quizás la figura que mejor sintetice este marco de relaciones sea una pirámide. Este poliedro tiene como base al cuadrado, en tanto que base social, y en el vértice superior se representa el concepto de conocimiento.
De modo que queda configurado el esquema en términos de producción y reproducción de cada sector/vértice desde la base social, pasando por cada nivel o estadio de los actores que participan de cada sector/vértice, como el resultante de las relaciones con los demás sectores/vértices, en sus diferentes niveles.
De esta manera es posible pensar en relaciones que no solamente operan en expresiones que se sintetizan en dos dimensiones, sino también en planos de tres dimensiones, dotando a esos vínculos de un volumen distinto. Con la posibilidad de distinguir niveles locales, nacionales, subregionales o regionales e internacionales o globales en la generación de conocimiento.
• A modo de cierre:
Las demandas éticas a la ciencia y el empleo del conocimiento en muchas oportunidades han venido de la sociedad civil o bien desde los propios espacios académicos y científicos. Pero también los propios Estados han tomado nota de las implicancias del uso del conocimiento en sentidos contarios a la propia humanidad y el planeta, un ejemplo de ello es la reciente aprobación de la Recomendación sobre la Ética de la Inteligencia Artificial [5], aprobada por UNESCO.
De modo tal que en este entramado de relaciones que se dan en torno al conocimiento en el marco del proceso de internacionalización de la educación superior, y del conocimiento en general, que se desarrolla en la actualidad en un contexto de globalización extendida, hace necesario que profesionales y científicos participen y se involucren.
[5] https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000379920_spa.page=15
De allí que el aspecto referido a la internacionalización de la educación superior y de las universidades, en particular, haya sido incorporado en las agendas de los Estados, sus sistemas educativos como una necesidad para atender a las demandas de una sociedad cada vez más global, cosmopolita, desigual y diversa.
La pandemia, trajo consigo la necesidad de repensar la organización, funcionamiento, y formas de hacer universidad, siendo lo virtual un modo impuesto por la realidad para sostener las actividades sustantivas de la universidad. El estado sanitario actual obliga a verificar lo hecho en pandemia, en relación a la tradicional manera de realizar nuestras prácticas universitarias.
La internacionalización no escapa a esta premisa. Por eso, se fortalece lo integral como un imperativo institucional y no una mera posibilidad deseable (Hudsik, 2011). Esa perspectiva se vincula, además, con la necesidad de articulación e integración de las funciones esenciales, para superar la mirada fragmentaria que tenemos en muchas universidades.
Esta integración debe estar atravesada por lo internacional, los contenidos de enseñanza, ciencia y extensión, deben contemplar tendencias académicas y disciplinares internacionales, y preparar a estudiantes y docentes investigadores para insertarse en lo internacional. Esta integración, hoy, exige que además sea atravesada por lo virtual, ampliando oportunidades y generando nuevos formatos.
Las carreras deben conjugar respuesta local, con demandas del mundo globalizado y es necesario otorgar certificaciones y titulaciones que puedan tener no solo valoración, sino también reconocimiento internacional. Para ello, es necesario reforzar los vínculos y relaciones con instituciones educativas extranjeras, redes universitarias, académicas y científicas que permitan estadías e intercambios estudiantiles y docentes-en definitiva, movilidad internacional-, títulos conjuntos o dobles titulaciones.
Las tecnologías actuales, potencian estas posibilidades, lo realizado en pandemia, muestra a los desarrollos COIL, las movilidades virtuales, grandes eventos o reuniones de trabajo, todo en plataformas, como una base para incrementar las posibilidades de acceso y cercanía al conocimiento.
Para ello, se requiere diseños curriculares dinámicos, flexibles, que favorezcan a la diversidad y amplíen la posibilidad real de cooperación internacional, como herramienta para la construcción de ciudadanía global.
Bibliografía:
Altbach, P. (ed.) (2014): Liderazgo para universidades de clase mundial: Desafíos para países en desarrollo. Buenos Aires: Universidad de Palermo.
Clark, B. (1992): El sistema de educación superior: Una visión comparativa de la organización académica. México: UAM.
Falcon, P (2020). La universidad entre la crisis y la oportunidad. Reflexiones y acciones del sistema universitario argentino ante la pandemia”. Buenos Aires, Coedición de EUDEBA y la Editorial de la Universidad Nacional de Córdoba.
Falcon, P. (2021). La universidad, sus carreras y sus titulaciones. Evolución, presente y desafíos del sistema de títulos universitarios en la Argentina. EUDEBA.
Haskins, C. (2012) El surgimiento de las universidades. Buenos Aires: Universidad de Palermo.
Hudzik, J. (2011) Comprehensive Internationalization: From Concept to Action. Washington D.C.: NAFSA: Association of International Educators.
Sábato, J. y Botana, N. (1968) La Ciencia y la Tecnología en el Desarrollo Futuro de América Latina. Revista de la Integración, Nº 3, Buenos aires, noviembre 1968. Contenido en El pensamiento Latinoamericano ciencia-tecnología-desarrollo-dependencia (1975). Buenos aires: Paidos.



