Entrevista a Nahuel Molina Perea
Graduado en Logística
“Un camionero tiene su camión, su carga, sus cosas, pero lo que más necesita es su caja de herramientas. La UPE a mí me regaló una gran caja de herramientas, llena, para desarrollarme en mi actividad. Creo que eso es lo mejor que me pudo haber regalado.”
Nahuel habla despacio, confiado, como quien tiene la enorme seguridad de saber lo que quiere, lo que siempre quiso en todos los planos de la vida. Tiene una sonrisa al responder y emociona escucharlo hablar con tanta pasión de lo que hace: logística. Es egresado de la Upe y vaticina, casi como si se hubieran puesto de acuerdo, lo que nos repetirán otros graduados: la Upe es una gran caja de herramientas.
Es casado, tiene tres hijos y vive en General Las Heras, provincia de Buenos Aires. Ya vivía allí cuando estudiaba en UPE y realizaba el largo viaje que realizan muchos estudiantes, en busca de su título universitario. Aunque Nahuel deja claro que es mucho más que eso.
Lo escuchamos con la atención que se les pone a las cosas dichas desde adentro, tanto que a veces nos deja sin palabras, y pasamos de la risa a la emoción con la misma tranquilidad con la que desde su casa -el lugar desde el que, desde antes de la pandemia- realiza la mayor parte de su trabajo, nos habla de su recorrido en estos 10 años de la universidad.
Mi comienzo en la Upe fue en el 2014, yo tenía casi 38 años, fue algo que tenía pendiente. Empecé mi carrera de grande, tenía mucha experiencia en la logística desde el conocimiento empírico y traté de llevarlo a lo académico para así, de alguna manera, cumplir esa deuda que tenía conmigo.
Entonces empecé a estudiar, aunque, llevándolo al terreno de la logística o del transporte que es donde siempre me había desempeñado, fue un recorrido un poco “poceado”. Pero la mayoría del recorrido fue muy hermoso. La verdad es que fue una experiencia excelente. Soy de General Las Heras, Provincia de Buenos Aires, así que tenía un viaje enorme todos los días para poder ir a estudiar. Estudiaba, cursaba y después me iba a trabajar a Luis Guillón (en ese momento manejaba un camión, lo hice durante 20 años). En los tiempos en los que estudiaba de noche terminaba de cursar a las 10, y a las 11 me iba a Guillón, tomaba el camión y empezaba a trabajar. Así que fue bastante complicado en cuanto a los tiempos, porque después tenía que volver a mi casa, descansar, estar con mi familia.
Los primeros años fueron difíciles, intensos, pero había que hacerlo, así que estaba convencido, tenía ganas, y cuando uno está convencido y está seguro de lo que hace creo que logra cualquier cosa. Yo tuve que delegar un montón de cosas de la casa y de la familia, porque no me quedaba tiempo: salía de mi casa a las 4 de la tarde, cursaba de 6 a 10, a las 11 agarraba el camión, trabajaba, llegaba a mi casa, dormía 4 horas y de vuelta a la universidad. O sea que fue muy difícil, pero conté con el apoyo incondicional de la familia, que me bancaron en todo eso.
El camión y las horas de carga y descarga, se habían convertido en mi lugar de estudio. Mejor dicho, de repaso porque para mí el lugar de estudio real eran las clases presenciales. Mientras que descargaba el combustible para los aviones, ahí tenía una horita o dos y aprovechaba para repasar los apuntes o hacer algunas cosas relacionadas con el estudio. Es difícil, pero no es imposible, cualquiera lo puede hacer. Constancia y disciplina. Y nunca dije eso de “dejo todo acá, me cansé”, porque soy un convencido de que cuando lo decís, lo hacés. Entonces jamás lo dije. Yo seguía detrás de mi objetivo
Los “pozos”
En estos diez años han ocurrido muchos cambios también, esa es la parte que está un poco “poceada” de la ruta. Cuando me recibo de técnico en logística, mi primer título, me diagnostican una enfermedad y empiezo a recorrer ese camino. Empiezo a hacer tratamientos y todas las cosas que vienen asociadas a algunas enfermedades.
Fue un momento difícil, pero lo que me gusta contar que siempre tuve el apoyo de la universidad. Yo pude estudiar durante mi internación, desde mi lugar de cuidados, y siempre conté con la Universidad, siempre tuve el apoyo de los profesores, de los directivos, de todos, para poder seguir con mi carrera, aunque no pudiera acercarme a la universidad. Y esto lo resalto porque hay que imaginarse que en un momento tan delicado lo que uno trata es que por lo general la enfermedad te llegue solamente hasta el cuello, porque si te llega a la cabeza no le jugás de igual a igual; entonces si vos tenés algo para hacer, algo que te llene como a mí me llenaba la carrera, el estudio, te ayuda muchísimo en la recuperación. Mantener mi cabeza ocupada, mi cabeza en cuestiones de futuro. Y cuanto más difícil se me puso, más seguí detrás de mi objetivo. Porque se me puso realmente difícil con mi enfermedad, y sin embargo yo quería terminar y lo terminé.
Los prejuicios
Yo no sentí nunca esa imagen que tienen los chicos más adolescentes del “encierro” que implica la universidad. En mi caso es distinto porque yo ya fui, no solamente con otra edad y otro recorrido de vida, sino con una convicción y con una elección hecha. Cuando mis compañeros me preguntaban cómo podía ser que me sacara 8, 9, 10 a mí me gustaba responderles simbólicamente que yo no tenía “muchas balas en la cartuchera”, entonces cuando yo apuntaba era para darle al blanco. Tenía que ser así porque yo no tenía mucho tiempo para perder. Por otra parte siempre me sentí “parte de la clase” porque lo que el profesor daba como teoría yo lo argumentaba con mi experiencia, de modo que siempre fue un ida y vuelta, un feedback más que interesante que se generó con los profes y para mí eso es fundamental. Y como digo siempre el 90% de aprobar una carrera o una materia es estar en la clase, porque lo que vos aprendes estando en las clases no se aprende en otros lados.
Otra cosa que pasa frecuentemente es que uno tiene que explicar qué hacemos los que estudiamos logística, porque, aunque la disciplina tenga una cierta cantidad de años, la realidad es que la carrera es nueva. Entonces amerita que nosotros expliquemos qué hacemos, a qué nos dedicamos. Y en mi caso fue algo muy personal porque yo
durante 20 años padecí la mala gestión logística desde las empresas, entonces yo me dije a mí mismo que tenía que estudiar para cambiar eso,
que no quería que eso siguiera así. No puede ser que no haya gente preparada o gente idónea haciendo y cumpliendo esta función. Porque es verdad que cualquiera puede hacerlo, pero cualquiera capacitado que esté capacitado, que se haya formado, que haya adquirido el conocimiento para poder hacerlo. Y ahí hay una diferencia importante. Porque si no compromete al resto del aparato, al resto de la cadena, y ahí estallan los problemas.
Obviamente que el título es importante, pero vos no solamente necesitás la práctica y entenderlo, sino que tenés que saber hacerlo. Y para eso hacen falta un montón de herramientas que el conocimiento empírico no te da: herramientas de diagnóstico, herramientas de análisis, empezar a rozarte con las nuevas tecnologías. Hay muchas cosas que son imprescindibles a nivel teórico también. Son complementos, uno no puede sacar al otro, tienen que estar ambos. Yo hice el camino inverso: yo tenía la experiencia y realicé el tramo académico. No es ni malo ni bueno, solamente es distinto, pero ambas son necesarias.
La charla discurre, entonces, hacia la ocupación actual de Nahuel y el orgullo que siente por su profesión y por lo que hace, una verdadera cruzada por hacer de la logística un mejor lugar.
Actualmente me dedico a asesorar empresas de los sectores público y privado trabajo mucho con Pymes y en bastantes de ellas se ve mucho esa cuestión de que el encargado de logística es quien hace gestión, logística, distribución, todo… Yo lo que trato de hacer es cambiar ese paradigma, de decir “vamos a pensar de forma logística, vamos a empezar a trabajar en logística, vamos a tener nuevos procesos, nuevas ideas, hay que incorporar tecnología, hay que incorporar gente idónea”. Hasta ahora las pequeñas y medianas empresas no ven el verdadero costo logístico de no aplicar una buena gestión logística, entonces lo que sucede es que hay que “evangelizar”, explicar que tienen un potencial de mejora, que pueden disminuir y optimizar costos, pero que se debe hacer seriamente con personal idóneo, incorporación y uso correcto de la tecnología, etc. Siempre lo podemos optimizar, y es ahí donde está la verdadera importancia de cambiar el paradigma. Tiene que ver con la cabeza, con la posibilidad de apertura al cambio, tomar conciencia de que lo necesitan. Nuestro trabajo es hacer que hagan ese click. Ese es el trabajo que hago y que me gusta hacer a mí: visitar a todas esas empresas y divulgar los beneficios de aplicar una buena gestión logística.
¿A qué me refiero con “cambiar la forma de pensar? Tomemos un ejemplo, durante la pandemia ha aparecido este problema de las complicaciones en los envíos. Pero este problema no es nuevo. Es más frecuente de lo que uno puede pensar y lleva ya muchos años. De hecho, yo te puedo hablar de mi experiencia de 20 años arriba de un camión. Es de toda la vida. Eso es otra de las cosas que debe cambar. Y en ese sentido, las nuevas tecnologías y la trazabilidad llegaron para quedarse. Ahora, eso necesita que tanto el cliente como la empresa/los proveedores empiecen a sincerarse: todo depende de lo que uno tenga como premisa de información al cliente porque si le vas a mentir, la tecnología y la trazabilidad no te sirven, porque te van a delatar.
Volvemos siempre a la universidad, una y otra vez, como si no fuera solamente el tema convocante, sino que existiera una fuerza mayor que nos empuja a contar anécdotas, a referirse a la importancia de las herramientas adquiridas. Y una y otra vez volvemos a escuchar en las pausadas palabras la vocación.
Tanto que cuando le pedimos que en este cumpleaños número 10 pida tres deseos, todos están relacionados.
Mi primer deseo es que me gustaría que más chicos se decidieran por la carrera logística, deseo que más gente se involucre en esto porque falta mucho, porque hay mucha necesidad de buenos profesionales logísticos.
El segundo es que la UPE siga creciendo y expandiendo sus horizontes. Me enteré que tienen convenios con otras universidades, con otras organizaciones, incluso con otros países, que se va expandiendo cada vez más, que se va afianzando, y eso me alegra mucho.
Y en cuanto a la logística, y aquí va mi tercer deseo, que podamos desarrollar una logística sana en la argentina, y que vaya creciendo cada día.
10 años son muy poco para una universidad.
Yo tuve, y tengo, el privilegio de ver el cambio, el progreso y el desarrollo durante estos 10 años.
Se notó mucho cómo se iban preocupando en mejorar, en crecer, en desarrollarse, en siempre ir para más. Y eso es muy valioso y muy importante.
Ese es el camino. Mientras tenga esa tendencia vamos a estar bien. Nunca estancarse, siempre mejor.
Y eso lo veo en la UPE, lo siento en la UPE.
La charla se va acercando al final, pero se estira y se multiplica en buenos deseos, en recuerdos, en fragmentos de un período que, se nota, no se va ir de la memoria tan fácilmente.
Entonces no queda una última pregunta: es un cumpleaños, qué te regaló la UPE, y qué le regalarías.
La respuesta nos deja en silencio, macerando la emoción. Hermosa forma de resumir 10 años, un camino, un recorrido, un sueño. Y en el sueño de Nahuel, contenidos, cobijados, todos los demás.
¿Un regalo? Lo vamos a llevar al plano simbólico o, si se quiere, a algo más tangible: Un camionero tiene su camión, su carga, sus cosas, pero lo que más necesita es su caja de herramientas. La UPE a mí me regaló una gran caja de herramientas, llena, para desarrollarme en mi actividad. Creo que eso es lo mejor que me pudo haber regalado. A cambio, le dejo mi compromiso incondicional con ella. Cada vez que me necesitó estuve. Si me necesitara más, estaría más, y sin problemas. Ese es mi regalo eterno, es incondicional y es para siempre.



