Por Cristina Colabello
Docente titular – Consejera Superior UPE
La propuesta de elaborar un relato sobre la Universidad Provincial de Ezeiza a diez años del inicio de sus actividades académicas me introduce, en lo personal, en un inmediato caleidoscopio donde van pasando, sin pausa, imágenes nítidas de los distintos momentos de su desarrollo.
Sus comienzos estuvieron signados por una enorme cantidad de experiencias y vivencias que convierten a aquella época en una suma de recuerdos atesorables. Por ese motivo, es necesario apartarse por un momento de aquellas postales para poner en contexto el marco en el que nace la “UPE”, sigla con la que su comunidad la renombró a partir de su nacimiento.
La creación de las universidades en el conurbano bonaerense en sus distintas etapas ha sido, sin lugar a duda, resultado de una política pública que cumplió y cumple sostenidamente con la promoción de medidas que generan cambios importantes en la vida de las personas de la región. En las primeras décadas del este siglo, abrieron sus puertas universidades que tuvieron y tienen el propósito de recibir y acompañar la formación de un universo poblacional de jóvenes y adultos que de otra manera no hubiera podido acceder a la Educación Superior.
La Ley de Educación Superior 25.421 y su modificatoria 27.204 hacen referencia a la Educación Superior no sólo como bien público, sino como un derecho humano personal y social.
En este marco, esta norma otorga al Estado las siguientes responsabilidades:
- a) Garantizar la igualdad de oportunidades y condiciones en el acceso, la permanencia, la graduación y el egreso en las distintas alternativas y trayectorias educativas del nivel para todos quienes lo requieran y reúnan las condiciones legales establecidas en esta ley.
- b) Proveer equitativamente, en la Educación Superior de gestión estatal, becas, condiciones adecuadas de infraestructura y recursos tecnológicos apropiados para todas aquellas personas que sufran carencias económicas verificables.
- c) Promover políticas de inclusión educativa que reconozcan igualitariamente las diferentes identidades de género y de los procesos multiculturales e interculturales.
- d) Establecer las medidas necesarias para equiparar las oportunidades y posibilidades de las personas con discapacidades permanentes o temporarias.
- e) Constituir mecanismos y procesos concretos de articulación entre los componentes humanos, materiales, curriculares y divulgativos del nivel y con el resto del sistema educativo nacional, así como la efectiva integración internacional con otros sistemas educativos, en particular con los del Mercosur y América Latina.
- f) Promover formas de organización y procesos democráticos.
- g) Vincular prácticas y saberes provenientes de distintos ámbitos sociales que potencien la construcción y apropiación del conocimiento en la resolución de problemas asociados a las necesidades de la población, como una condición constitutiva de los alcances instituidos en la Ley 26.206 de Educación Nacional.
El grupo de universidades creadas en los primeros quince años de este siglo han mostrado una importante consolidación institucional. En el proceso citado, nace en 2011 una universidad de jurisdicción provincial: la Universidad Provincial de Ezeiza.
Si bien la UPE fue creada por la Ley Nº 14.006 que se sancionó y se promulgó en el 2009 por el Decreto 1.022, abrió sus puertas a los primeros estudiantes tres años después, en 2012.
La habitual referencia a los estudiantes de las universidades de la región como de “primera generación de universitarios en sus familias” no es casual, y tiene sustento real (Luccardi, 2018).
Las universidades referidas vinieron a dar una serie de respuestas a la imposibilidad de acceso al nivel superior que existía en distintos territorios de la provincia de Buenos Aires y quienes poblaron sus aulas lo hicieron, en gran medida, en busca de una movilidad social ascendente.
También a la UPE llegó un conjunto de estudiantes que vio concretarse la ilusión de la universidad cercana.
La institución los esperaba y los acompañaría en su trayectoria. Crecería mientras ellos se formaban como futuros profesionales competentes para un mundo del empleo que demandaba atender necesidades de formación en profesiones específicas para el desarrollo local-regional.
Lo local-regional marcaba con claridad cuáles eran las necesidades a las cuales dar respuesta: el progresivo desarrollo del mercado de cargas aéreas, el aumento de las operaciones de comercio exterior, el turismo y la transversal demanda de profesionales del software en todas las áreas laborales. A eso venía la UPE: a responsabilizarse por la vacancia de profesionales para sectores regionales en expansión. Un claro ejemplo del compromiso que asumió su propuesta fue la formación en temas aeroportuarios, lo que la convirtió en la primera Universidad desde el Ecuador hacia el extremo Sur en ofrecer carreras no aranceladas en áreas tradicionalmente privadas. Estas decisiones estuvieron apoyadas en las políticas públicas que tuvieron su cuna en la Provincia de Buenos Aires.
II. Una universidad que espera, recibe y acompaña.
La primera década de desarrollo institucional presenta una UPE sólida y articulada dinámicamente en sus tres funciones sustantivas: la docencia, la investigación y la extensión.
La reflexión sobre la acción, el trabajo compartido y hasta las dificultades para lograr acuerdos en los equipos de trabajo, no hicieron otra cosa que otorgar contenido y cimentar la institución que hoy transita el camino de consolidación del proyecto fundacional.
El proyecto institucional se materializó desde el primer día de trabajo. La perspectiva y la convicción de una Educación Superior como derecho humano se reflejó en estrategias de inclusión, retención y acompañamiento de cada uno de los estudiantes.
Se articularon profundas acciones con el sistema educativo a fin de atender las desiguales trayectorias que provenían de la educación secundaria, proponiendo una formación que brindara herramientas de acceso y permanencia en la Universidad. En forma progresiva y hasta la actualidad,
la UPE desarrolló y consolidó vínculos con distintos actores de la producción y los servicios presentes en la región, como así también con organismos e instituciones que permitieron profundizar su estrategia de trabajo.
La tarea cotidiana con los estudiantes puso en relieve las subjetividades de la tarea de cada uno de nosotros. En las aulas, en el patio, en la vereda y en la plaza se observa desde siempre y hasta la emoción, la forma en la que las y los estudiantes “habitaron y habitan la Universidad”.
La práctica en la gestión y en la docencia se ensamblaron en la construcción de sentido: hacer incluyendo, incluir haciendo.
La extensión universitaria plasmó su actividad desde la perspectiva del desarrollo humano, entendido como el espacio de expansión de las libertades y los derechos de las personas, y generó una diversidad de propuestas para que su comunidad hiciera propios los lugares como espacios de afiliación institucional.
Desde el lugar de la enseñanza, se trabajó fuertemente en acompañar la transición desde el nivel secundario, o aún más complejo, en recuperar la dinámica de estudio en adultos que habían concluido su escolarización varios años atrás. Cada día, el desafío que se le presenta a las y los estudiantes sigue siendo el de “sobrevivir a nuevas demandas”, construyendo su autonomía en un marco de renovadas relaciones. Este desafío requiere de reglas que se deben aprender, de nuevas formas de aproximación a los contenidos de la institución y de las carreras.
Al ingresar a la universidad se produce un nuevo encuentro (o desencuentro) con los conocimientos científicos, filosóficos o literarios propios de la carrera elegida; pero también con una cultura particular que requiere la apropiación de sus códigos, sus costumbres, sus lenguajes y lugares…
y esto lleva un tiempo: tiempo en el que se va conociendo y reconociendo esta nueva cultura y en el que además cada sujeto se va pensando a sí mismo como partícipe (o no) de ella” (Vélez, 2005).
III. Alfabetización Académica: un espacio curricular para trabajar algunos desafíos.
Una asignatura que atendió y atiende las nuevas necesidades de los estudiantes es Alfabetización Académica. Desde ella se abordan, a partir del ingreso, dos cuestiones centrales del trabajo con los nuevos estudiantes.
El primero refiere al aprendizaje del oficio de estudiante y plantea el mayor de los desafíos. La entrada en la vida universitaria podría visualizarse como un tránsito o pasaje del estatus de alumno al de estudiante (Coulon, 1995). Ese pasaje se da en tres tiempos por los que transitan los ingresantes:
- Un tiempo del extrañamiento o separación.
- Un tiempo de aprendizaje o adaptación.
- Un tiempo de afiliación o adhesión.
En el primero de ellos, los estudiantes ingresan a un ámbito desconocido, a una nueva institución que se contrapone con el universo anterior que les era familiar. Un segundo tiempo es el de la adaptación o del aprendizaje, en el que se van acomodando en forma progresiva al nuevo contexto y lo asumen. El tercer tiempo, el de afiliación, implica asumir un relativo dominio y control de las reglas institucionales.
La actitud de afiliación como estudiante hace referencia a convertirse en miembro de la universidad, a descubrir y asimilar la información tácita y las rutinas ocultas en las prácticas de la enseñanza superior (Coulon, op.cit).
El segundo desafío se relaciona con una serie de habilidades vinculadas a la incorporación de nuevas formas de producción textual que les resultan, cuanto menos, novedosas y desafiantes. Los estudiantes se integran a una nueva “comunidad discursiva”, entendida como el grupo o red de grupos que generan y comparten formas particulares de producir, interpretar y poner en circulación los discursos (Maingueneau, 1992).
Las y los estudiantes noveles deben producir textos universitarios. Así, teniendo en cuenta el rol vertebrador que en la universidad tienen tanto la lectura como la escritura, y las características diferenciales y específicas que adquieren en dicha comunidad discursiva, se considera necesario otorgar la posibilidad de transitar instancias que les permitan la familiarización y el aprendizaje de las habilidades y competencias necesarias para producir los géneros discursivos propios del nivel.
En tiempos de plena presencialidad, o en los de virtualidad, se trabajó profundamente en la consolidación de espacios de cercanía y de construcción compartida de sentido de los aprendizajes. Acompañar la trayectoria estudiantil en la UPE resulta un motivo “per se” en la cotidianidad de la enseñanza.
La enseñanza situada fue una característica que guió la tarea docente. Esta forma de concebirla implica desarrollar estrategias para que las y los estudiantes se encuentren con aprendizajes significativos, en cuya construcción su participación resulta imperativa y les permite construir conocimiento sobre lo que “van a saber y podrán hacer con ese saber” (Diaz Barriga, 2006).
En sus primeros diez años de trayectoria, la UPE se ha convertido en una universidad que aloja e invita a habitar aulas y lugares en un clima de calidez que refleja su proyecto inicial: incluir, porque ello constituye un derecho humano y social.
Finalmente, agradezco a todos quienes soñaron esta institución y fueron capaces de traducirla en política pública, a quienes abrieron las puertas y particularmente, a quienes conciben la educación superior como un lugar para todos y como un camino hacia un mundo más justo.



